Cuentan que tenia seguidores
que cada palabra era un mar quieto
donde podría sentarse dios, si dios lo permite.
Cuentan que contaba los días,
como premoniciones,
como un preso cuenta en su ábaco la infinidad de los días
que contaba los hiatos en el amor ortográfico,
que su tos roja jamás fue de pulmonía,
que por ahí mismo en su espalda rota
sintió una vez un temblor de órganos maravillosos
y una bonita soledad le tomo por sorpresa.
Cuentan que tramaba una declaración de los derechos humanos.
(su declaración de amor) y un humano le quito sus derechos
y ese día lloro como nunca, como se sabe siempre, necesario.
Se cuenta que el contaba por ahí
que era una ciudad perdida,
un país dolido y masticado hacia adentro,
que era una calle estacionaria que no sufre
el síntoma de las estaciones.
Cuentan que era pueblo y que en pueblo Extra
le contrataron para organizar góndolas
como un pueblo organiza su fe, por latas de tuna,
por nombres de huracanes, por cheques federales,
y que esos mismos cheques nos paguen las culpas,
las balaceras, la crisis, las misses universos,
las empanadillas de queso, los discursos,
la historia.
Pero cuentan que el corazón jamás se rindió
y pudo mas que el cuerpo.